La Asociación de Propietarios de La Moraleja desea expresar su honda preocupación por el proyecto Cando Living, ubicado en Vereda Norte 6, presentado como una fórmula de senior living para mayores de 50 años en pleno corazón de La Moraleja.
Según su propia comunicación, el complejo se define como un espacio orientado a la comunidad, el bienestar y la longevidad. Sin embargo, tras ese lenguaje amable y sofisticado, los vecinos contemplan con inquietud una realidad muy distinta: la implantación de un modelo residencial intensivo cuya naturaleza urbanística, encaje legal e impacto sobre el entorno suscitan serias dudas.
De residencia de mayores a coliving: una transformación que exige explicaciones
Lo que en un principio fue entendido por los vecinos como una residencia de mayores de carácter sociosanitario ha terminado materializándose en un concepto mucho más ambiguo, próximo a una fórmula de vivienda colaborativa o coliving.
Y ahí reside una de las cuestiones más graves. El llamado senior living carece de una definición jurídica clara en nuestro ordenamiento. En consecuencia, si el uso inicialmente previsto era sociosanitario y el resultado final responde a una lógica residencial distinta, estaríamos ante una transformación que, en buena lógica administrativa y urbanística, debería haber implicado una revisión completa del uso, de la actividad autorizada y de la licencia correspondiente.
Los vecinos tienen derecho a preguntarse si lo que se les presentó en su día es realmente lo que hoy se ha construido.
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Un precedente que La Moraleja no puede ignorar
Lo ocurrido en Vereda Norte 6 no se percibe como un episodio aislado. Los vecinos recuerdan con claridad que el actual Gobierno municipal ya impulsó un intento anterior en Camino Sur, en una operación que generó enorme alarma por sus características.
Aquel proceso estuvo rodeado de circunstancias difícilmente comprensibles para cualquier ciudadano exigente: un único y sorprendente licitante, una concesión planteada por más de 50 años y, además, sin un programa de actualización de precios durante todo ese periodo. Aquella iniciativa, que muchos vecinos consideraron profundamente lesiva para el interés general y para las arcas públicas, terminó frustrándose precisamente por la reacción vecinal y por el escándalo suscitado.
Ese precedente resulta hoy inevitable. Porque cuando se repiten determinadas dinámicas, ya no cabe hablar de casualidades, sino de una determinada manera de entender el urbanismo y la gestión pública.
La responsabilidad política del Ayuntamiento de Alcobendas
En este contexto, el compromiso del Ayuntamiento de Alcobendas es ineludible. Y esa responsabilidad recae de forma muy especial en la señora alcaldesa, Rocío García, así como en la concejal de Urbanizaciones, la señora Capdevila, bajo cuyo mandato se están produciendo este tipo de actuaciones que alteran de forma sustancial el equilibrio de Las Urbanizaciones.
No basta con permitir que estos proyectos avancen amparados en denominaciones imprecisas o en fórmulas aparentemente innovadoras. La obligación de un Ayuntamiento serio es proteger la legalidad urbanística, garantizar la transparencia administrativa y defender el interés de los vecinos, no someterles a hechos consumados.
Por ello, muchos propietarios se preguntan con toda legitimidad si este tipo de desarrollos cuentan con el beneplácito político expreso del consistorio, y si se está favoreciendo una estrategia de densificación progresiva de La Moraleja y del conjunto de Las Urbanizaciones.
Más densidad, más presión, menos calidad de vida
Ese es, en el fondo, el verdadero problema. Cada nuevo proyecto de estas características supone más presión urbanística, más carga sobre el entorno, más tráfico, más tensión sobre servicios e infraestructuras y una erosión paulatina de aquello que ha definido históricamente a La Moraleja: su baja densidad, su privacidad y su extraordinaria calidad de vida.
Los vecinos sostienen desde hace tiempo calles, aceras y parte de las cargas derivadas del mantenimiento del entorno, y tienen derecho a exigir que su esfuerzo no se vea degradado por decisiones políticas que alteran el modelo residencial de forma opaca o encubierta.
Una gestión que contrasta con la desatención de los problemas reales
Mientras se da paso a proyectos de esta naturaleza, otras necesidades urgentes siguen sin recibir la atención debida. El caso de la Iglesia de Las Esclavas, con un deterioro estructural evidente y una fachada que suscita preocupación, constituye un ejemplo elocuente de esa falta de prioridad institucional. Una vez más, son los propios ciudadanos quienes se ven empujados a asumir responsabilidades que no deberían recaer sobre ellos.
La Moraleja exige claridad, legalidad y respeto
La Asociación de Propietarios de La Moraleja considera que lo sucedido con Cando Living merece una explicación pública, precisa y convincente. No es aceptable que bajo el paraguas de conceptos difusos se introduzcan transformaciones urbanísticas de gran impacto sin la máxima claridad legal y administrativa.
Porque lo que está en juego no es solo un edificio en Vereda Norte 6. Lo que está en juego es un modo de entender La Moraleja, su identidad, su equilibrio y su futuro.









